Aquí podemos mirar cuanto distancia hay de nuestras ciudades.
El aeropuerto, lugar de transición, pero un lugar importante para los viajeros. Punto intermedio entre una ciudad desconocida y tu patria.
Desde la torre del Micalet, tenemos una vista global de la ciudad. Podemos darnos cuenta de todo lo que lleva esta ciudad: nuevo, antiguo, moderno, abandonado, renovación… Y desde aquí nos damos cuenta que estamos en la tierra del sol.
Ya conocíamos la paella, plato típico español. Descubrimos que ese plato es en realidad originario de Valencia, que el sabor es mucho mejor aquí que cuando lo comimos en nuestro país. También hemos descubierto la horchata y los churros con chocolate. Comida muy rica pero muy mala para nuestra línea.Aunque que la comida estea buena, echamos de menos la comida de nuestras mamás.
Otra cosa increíble para nosotras: es vivir a diez minutos de la playa. No necesitamos coger el tren durante tres horas para aprovechar de la playa. Y lo más increíble es poder pasear a lo largo del mar durante el invierno.
Gracias a la America’s Cup que vimos por la televisión, este lugar nos parecía ya conocido. Pero de ver algo en la televisión y vivirlo es muy diferente.Lo que miramos en la televisión ha cambiado. Ahora hay en construcción un circuito de formula uno. Circuitos que también tenemos en Italia y en Bélgica.
Pero otra cosa que estaba escondido en la televisión es el barrio del Cabanyal. Nos parece triste que en una ciudad que se esta modernizando como Valencia, haya sitios pobres y abandonados por la comunidad Valenciana.
Y cuando, por fin, llegas en frente de eso, te parece estar en el futuro. Pero también, durante un momento nos sentimos como de vuelta a nuestro país: de un lado porque el arquitecto, Calatrava, realizó el proyecto de un puente en Venezia y también de la estación de tren de Liège (los dos proyectos están todavía en construcción).
Cada ciudad española tiene su plaza de Toros. Hay algunas cosas típicas que hacen el renombre de España, la corrida hace parte de esas cosas.A la primera vista este edificio nos ha parecido algo diferente como por ejemplo una copia de un teatro griego o romano, igual un pequeño Coliseo en el centro de Valencia. Después de un rato, descobrimos que aún se practica corrida.
Para nosotras, parece raro ver que la gente se divierte con una práctica cruel. Pero sabemos que hace parte de la cultura española, una cultura diferente de las nuestras.
En nuestras ciudades respectivas teníamos como un ritual cada día. La primera cosa después de levantarse era mirar por la ventana si había un cielo azul, sol y calor. Pero en Liège como en Bologna esto ocurre pocas veces.
Cuando lleguamos aquí en Valencia, seguimos haciendo este ritual y cada día el cielo estaba azul. Entendimos rápidamente que podíamos dejar de mirar por la ventana y aprovechar el dia.
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